Privacidad en Internet, última parte

Privacidad en Internet, última parte (por el momento, este es un tema recurrente)

(Continuación de Privacidad en Internet, segunda parte)

Estos artículos están compresos, una buena plática sobre estos temas necesitaría cuando menos diez veces más espacio para ser mejor explicados y discutidos. Siendo un Blog, estas pequeñas muestras deben proporcionar una idea de las muchas ramificaciones que nacen de los mismos.

Imagina que estás en una conferencia o viajando en transporte público. Entonces, alguien comienza a preguntar y comentar constantemente interrumpiendo al expositor. O uno de los pasajeros comienza a molestar a los demás. El presentador o los demás viajeros en el transporte estarán tentados a llamar a seguridad, y quizá precisamente eso ocurra, teniendo que sacar o llevarse a dicho individuo por la fuerza.

Dichas escenas han de ser parecidas a cuando vemos una mochila sospechosamente dejada en un espacio público. Siempre estaremos precisados a actuar y hacer algo al respecto.

Ahora imagina que hay otra persona en la conferencia o en el transporte público que no llama la atención, pero que planea hacer algo malo al resto de la gente alrededor. Si éste escenario es posible, entonces  todos los asistentes al evento o los viajeros son sospechosos, ¿correcto?

Esta es una de las corrientes de pensamiento más invasivas detrás de los gobiernos y departamentos policiales que quieren observar lo que hacemos en-línea. No importa si somos el Dalai Lama o la Madre Teresa o un humilde e insignificante ciudadano del mundo. Cada movimiento sería registrado y guardado indefinidamente. Perderíamos nuestra privacidad en-línea al momento que dicha iniciativa se convierta en ley. Para siempre.

Con Los increíbles volúmenes de datos en la Web, y dichos registros creciendo exponencialmente día con día; para poder lograr un mecanismo que registre y guarde todo lo que hacemos en-línea serían necesarios sistemas muy buenos e inteligentes , controlados por no solo una entidad, a fin que la extracción de información fuese realmente efectiva. Dicho filtrado de evidencia individual tomaría lugar solo cuando fuese necesario, y necesitarían existir órdenes de cateo, semejantes a las físicas, para que alguien pudiera tener acceso a nuestra información.

Por supuesto, de alguna forma ya estamos en esa posición de dejar a los demás saber mucho acerca de nosotros: subimos fotos, tecleamos estatus y mandamos mensajes a aquellos en nuestros círculos y listas de contactos. Nada más y nada menos.

No obstante, si existe una fuga de datos de cualquier tipo, entonces dicha información que confiamos sólo a amigos y familia podría ser usada por criminales, probablemente con consecuencias desastrosas.

Dicho esto, si dejamos que los gobiernos monitoreen nuestros movimientos en-línea, eso puede también significar menor actividad criminal precisamente por el hecho de desplegar más fuerza policial virtual.

Aunque habría más bien que mal si ponemos pros y contras en la balanza de un mundo mejor, la posibilidad de que actividad dañina pudiera resultar de que dejemos nuestros datos sean coleccionados y analizados, aunque escasa, existiría. Es ese pequeño porcentaje de riesgo el que nos molesta.

Es simple: ningún sistema es perfecto, y se pone aun peor cuando muchas manos amasan la masa. El error humano es inminente.

Ahí tienes.

¿Yo? Me gustaría ver más control, pero no al punto que el observarnos se vuelva como un régimen. Le encargaría la tarea a la comunidad científica una vez que una estrategia sea cuidadosamente planeada, pero me inquietaría mucho si los gobiernos se involucran en los procesos de planeación y vigilancia.

¿Qué opinas? ¿Temes comentar sobre esto después de leer las posibles consecuencias?

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Confesión, tercera parte

(Continuación de Confesión, segunda parte)

Ya sé que te gustaría leer todo de una vez, pero hice esto en partes porque quería que experimentaras por lo que yo pasé. Si ya estás desesperado por llegar al final, imagina lo que viví trabajando en mi proyecto por años, no semanas.

También sé que algunas cosas que menciono no tienen mucho sentido, pero tan extrañas como suenen, esa era la forma en que las experimenté en ese preciso momento.

Gracias por tu paciencia.

 

Entonces, estaba apunto de probarme. Esta vez requeriría más esfuerzo que dejar de tomar alcohol o guardar un secreto por todo un año. Esta vez sería más largo y más difícil, pero estaba listo.

Después de esa corrida abre-ojos, a la primera oportunidad que tuve de estar solo en casa saqué un paquete que había guardado por años sin realmente saber por qué lo guarde todo ese tiempo. Ahí había muchos recordatorios, físicos y escritos, de mis años mozos. A través de las notas escritas e imágenes casi olvidadas, y el olor del papel viejo; los recuerdos regresaron con toda su fuerza, y se crearon aun más recordatorios, tips y pistas.

Me tomó un par de meses completos después de la corrida el formar un plan. Comencé a juntar información, fui a lugares que me ayudarían a ganar fuerza, leí muchísimo, pensé muchísimo, rehíce los planes, escribí muchas notas y escribí y escribí; cambiando la estrategia varias veces y tachando algunas notas y descartando datos que no ayudaban, mientras hacía el proyecto algo más concreto.

Tan frustrante como es saber que algunas semanas pasaron sin progreso alguno, el hecho de que otras fueron productivas comenzó a crear una imagen de cómo sería todo. Continué; el primer año fue el más difícil. No obstante, moderadamente todo comenzó a tomar forma, logre progresos y obtuve algo de claridad, y en general tuve un mejor entendimiento de que me tomaría por lo menos un par de años para poder ver algo de resultados. Pero ahora el producto es casi tangible.

La realidad es que no podemos crear tiempo. Lo que hacemos es cambalache con esas actividades que son redundantes o tienen menor valor. Caí en cuenta que mi salud podría mermar un poco porque mi fuente principal de inmunidad era una dieta balanceada y ejercicio. Ambos sufrirían más por mi nueva empresa; intercambiaría tiempo de ejercicio físico, y al así hacerlo, mi dieta estaría alterada también. Esto significaba que podría enfermarme más seguido que en los años previos, pero decidí que el intercambio valdría la pena.

Entonces todo pasó muy rápido. De repente me encontré inmerso en ciertos sitios Web muy específicos que nada tenían que ver con mis áreas profesionales. Comencé a rechazar reuniones y eventos relacionados con mi trabajo; y estaba extrañamente posicionado en asistir a cursos, seminarios y conferencias cuyos contenidos estaban lejísimos de los que acostumbraba seguir y asistir.

Luego, tan extraño como suena, mientras veía absorto una página casi vacía en mi computadora, una página que solo contenía unas cuantas palabras que leí mucho más de una vez, me di cuenta que había encontrado lo que estaba buscando por tanto tiempo. También caí en cuenta que el periodo de gestación había terminado ahí mismo, y que el producto de todo ese tiempo nacería en cuestión de meses.

A pesar de eso, o precisamente por eso, aun necesitaba guardarlo como secreto. A veces me preguntaba si habría dejado escapar pistas o la gente a mi alrededor sabía lo que estaba sucediendo, porque hubo ocasiones en las que hacían preguntas que me ponían nervioso. O comenzaban conversaciones acerca de algo semejante a como se vería mi aventura. Me sentí presionado a veces pero no aflojé, y estuve tan calmado y tranquilo como podía sin reventar. Ni una palabra al respecto salió de mi boca.

Obvio, sabía que tarde o temprano alguien descubriría mi lance. Para comenzar, soy bien conocido en varios círculos de la ciudad y en otras. Así que sería cuestión de tiempo que quizá alguien cercano a mí me viera en un ambiente extraño o hablando con alguien a quien con conocían, o que conocían poco. Peor sería que supieran exactamente quien era esa persona.

Sabía que en el momento que alguien me expusiera tendría que proveer muchas explicaciones a irrecusablemente mi familia y amigos cercanos, y quizá a mucha gente. También sabía que conforme pasara el tiempo iba a ser más y más difícil guardar el secreto: necesitaba comenzar a contactar a individuos y compañías desconocidas para poder tener todo listo para la llegada.

Entonces, como esperaba, alguien me descubrió. Pero aun así, tuve suerte, porque dicha persona no trabaja en la ciudad en la que nos conocimos, no tiene que ver con los círculos en los que nos pertenecíamos varios años atrás, y ha estado desconectada de las demás cercanas a mí y que podrían crear una reacción en cadena y hacer mi escondido asunto conocido. Aunque espero la eventual charla entre cualquiera esas personas, yo ya estoy hablando, así que puedo decir con certeza que fui capaz de guardar un secreto por casi cuatro años.

El periodo de gestación terminó en Junio dieciséis, dos mil once. No podría olvidar la fecha por su cercanía al cumpleaños de mi hija menor. Ese fue precisamente el día en que leí y releí y me quedé viendo por minutos esa quasi-vacía página que mencione anteriormente.

A partir de ese momento, me he expuesto poco a poco de muchas formas de modo que la revelación no sea enorme para algunos, aunque sé que otros estarán sorprendidos.

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La Fragilidad de nuestra Persona En-línea

No como con el correo electrónico, que nació como un medio de comunicación en las redes cerradas de las empresas y luego se expandió a la Internet cuando ésta fue común; los medios sociales y en específico las redes sociales nacieron después de que la Web se usara casi en todos lados.

Esto propone un acertijo interesante: ¿Son tus cuentas tuyas? ¿Las guardas y cuidas como si fueran preciosas posesiones que son parte de quien eres? ¿Leíste acaso los términos y las condiciones antes de aceptar y regístrate?

Parece que las cuentas que creamos y utilizamos en la mayoría de las redes sociales son vistas como una extensión de nosotros como individuos. Para aquellos que contamos con cuentas en Facebook, LinkedIn o Pinterest, por nombrar solo algunos; se siente raro agregar o solicitar estar ligado a alguien que no es un amigo o familiar o que no tiene alguna preferencia personal semejante a las nuestras. Específicamente, si un supervisor o compañero de trabajo o las compañías para las que trabajamos piden que comencemos a utilizar cualquiera de dichas herramientas para “incrementar la productividad, estar más a la mano, comunicar más efectivamente” o cualquier potra cosa; parece que pensamos que se trata de una invasión a nuestra privacidad. Las corporaciones han tratado ya por años hacer que los empleados usen ciertas funciones de las redes sociales en ambientes de trabajo pero en realidad a nadie parece gustarle la idea. Algunos empleados lo hacen a regañadientes por temor a ser despedidos, pero tratan de evitar tales instrumentos.

Aun en las redes sociales que se inclinan hacia los ambientes profesionales, tales  como Crossing (Xing) y Linked-In, cuando se nos pide que incluyamos a Juan Pérez y Pedro Lanas en nuestros círculos, se siente raro simplemente hacerlo y listo. De inmediato comenzamos a pensar sobre las muchas implicaciones que este simple acto conllevaría cuando sabemos -por ejemplo- que son personas con las que es imposible trabajar, o que alguna de ellas pronto será ascendida y podría convertirse en nuestro supervisor; o si es que tenemos planes de cambiar de trabajo pronto, o incluso en el futuro lejano. Algo parece no estar bien.

Hace una década, un gran porcentaje de la población conectada contestaría en una encuesta que lo primero que hacían en la mañana era checar correo electrónico. Ahora, Facebook, Twitter y redes semejantes es lo primero que vemos, principalmente cuando nuestros teléfonos están ya encendidos y  un timbrecillo anuncia un nuevo tweet, mensaje, publicación o invitación. El Correo-E era más privado, podíamos escoger los destinatarios, y ellos renviarían el mensaje a los que ellos decidieran, si acaso. Con Medios Sociales, la mayoría de todo es público.

Entonces, ¿cómo deberíamos tratar esas cuentas? ¿Comprendemos lo frágil que es esa relación a dichas herramientas, y máxime sabemos que las mismas no son nuestra posesión? ¿Qué pasaría si las compañías detrás de ellas súbitamente deciden hacer lo que quieran con toda esa información, o cancelan el acceso de todos?

Estamos algo vulnerables aquí ¿o no? ¿Cómo lograrías llegar hasta estas líneas sin haber sido re-direccionado en los medios sociales que estabas usando?

¿Qué piensas acerca de la propiedad de los datos que has publicado?

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Privacidad en Internet, segunda parte

(Continuación de Privacidad en Internet)

Este es un buen tema. Recibí retroalimentación aquí, vía FB y mediante otros sistemas de mensajes. Gracias por tomar el tiempo rapa contestar y comentar. Espero que lo hagas más seguido.

 

Al parecer, hay mucha confusión y malinterpretación en lo que se refiere a lo que las entidades policiales estarían haciendo si les permitimos observar nuestras actividades en línea.

 

Para comenzar, nadie estará fijando su vista en un montón de monitores viendo lo que cada uno de nosotros hacemos en línea. Dichos sistemas serían algo semejante a esas cámaras de circuito cerrado que permiten grabar y por consiguiente pueden ser usados para checar un evento en particular después de sucedido.

Sería semejante a la forma en que analizan el audio y video de una grabación en un robo a un almacén, o un incidente en la tienda de la esquina o la gasolinera; también habría “cajas negras” como las que de los aviones y trenes que contienen los datos principales de secuencias de eventos. Los registros serían extraídos solo si y cuando se necesitaran.

 

Por supuesto, habría también cierto nivel de inteligencia adjunto a dichos sistemas: monitores que serían capaces de analizar tráfico de datos, identificar y apuntar al origen de ciertos mensajes y movimientos para detectar ofensores sexuales, por ejemplo; y obviamente subrayar las actividades de spammers y hackers.

 

Para continuar, sabe que la policía ya cuenta con bastante poder par buscar conductas criminales en la Internet. No sería tan distinto de como lo es ahora, solo más veloz y fácil para ellos en lo concerniente a órdenes judiciales, por ejemplo.

 

Ahora bien, en términos de la seguridad de todos en la Web, estas entidades policiales serían capaces de actuar tanto proactiva como reactivamente. La principal ventaja sería que las actividades criminales serían detectadas más pronto, la evidencia sería tomada rápido y en orden cronológico; y las advertencias, multas y órdenes podrían ser creadas para pornógrafos, spammers y hackers existentes y aspirantes.

 

Así que, en cuestiones de seguridad para todos al usar la Internet, podríamos experimentar más tranquilidad sabiendo que nuestros niños pueden usar computadoras, teléfonos, tabletas, consolas de juego y todos esos dispositivos, sin ser un objetivo de ataque. Para nosotros, el Spam sería diezmado también, y la actividad de los hackers también sería minimizada.

 

Simplemente, si no estamos involucrados en actividades negativas en la Internet, no tendríamos que preocuparnos: el escenario podría ser comparado a como cuando vamos a un bonito pueblo en la playa al que nunca habíamos ido y ver un elemento policiaco en cada esquina. De seguro nos sentiríamos bien de eso o ni siquiera lo notaríamos si nuestro comportamiento no quiebra la ley. Empero, si estamos ahí con intenciones no-muy-buenas, entonces quizá nos sentiríamos incómodos, nerviosos o hasta amenazados.

 

No estoy diciendo que los sistemas serían perfectos o que monitorearnos a todos es una cosa buena. En este artículo en particular, solo estoy apuntando hacia los aspectos positivos de expandir los poderes de inferencia en Internet de la policía hacia todos nosotros. La mayoría de los blogueros y editores de noticias de seguro escribirán mucho más que estos cuantos párrafos acerca de cómo ello nos afectará negativamente: es simplemente más fácil criticar, condenar y quejarse que ver el lado positivo de las cosas.

Habrá bastante tiempo y espacio para cubrir los aspectos negativos también aquí. Mientras, aquí tienes algunas razones para pensar porqué dicha iniciativa podría traer más bien que mal.

 

¿Hay algunos otros resultados buenos que pudieras aportar?

¿Si se aprueba, qué entidades deberían ser las privilegiadas para encontrar lo que haces en línea?

¿Confiarías más en una empresa privada que en el gobierno o la policía para hacer esto?

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Confesión, segunda parte

(Continuación de Confesión, primera parte)

Entonces, hace unos años durante un episodio de crisis existencial, me encontraba caído y decaído. Esperaba que nadie notara mi fracaso. No era tan exitoso como lo fui en mis primeros años como profesionista, y lo peor, todo lo que aquellos años indicaban que llegaría a ser, no iba ni a la mitad. Quizá hasta iba en retroceso y mi terquedad no me dejaba verlo así.

Como fuera, el punto es que me había auto noqueado. Necesitaba escapar a un lugar donde pudiera repensar mi vida a partir de ese momento. Sin embargo el dinero escaseaba, o mejor dicho ni existía, porque estaba viviendo de créditos; así que el prospecto de irme solito a una linda playa o a un retiro en las montañas o cualquier cosa similar a eso era solo una quimera. Auto humillado y queriendo escapar de mi propio cuerpo y principalmente de mi mente, me anudé las agujetas y me fui a correr. Un escape parcial que a veces  ayudaba a reducir el estrés y, con suerte, aclaraba mi mente y me hacía tener ideas.

En esta ocasión, empero, transcurridos unos minutos en la corrida comencé a recordar cosas. No el tipo de cosas que uno recuerda conscientemente, sino aquellas que han estado ahí en un racimo de neuronas de memoria  y que de repente chispean demandando atención.

Todo regresó a mi velozmente. Parte de mi problema era que estaba siendo muy generoso con todos los demás, excepto yo. Necesitaba retomar todas las cosas que eran mías, encontrar a la gente que más importaba en mi vida, hacer lo que siempre quise hacer, y así por el estilo. Estaba dejando todo lo concerniente a mí para después, siempre para después. Y eso me tenía en una situación vergonzosa, en ese momento caí en cuenta que si continuaba así caería más y más de una forma miserable. No sabía como empezar porque no sabía que hacer. Entonces los recuerdos distantes de esos años de inicio de adolescencia, aquellos que fueron un parte aguas de mis contados éxitos se iluminaron como un faro. Muchos y variados recuerdos llegaron, y uno en particular a codazos se abrió paso entre los otros para enfrentarme: el amor de mi vida.

Tan extraño como parezca, todavía no era claro lo que eso significaba. Todo lo que sabía en ese momento era que yo era el único culpable que había terminado la relación, prácticamente por accidente. Pero súbitamente necesitaba buscar y encontrarlo entonces. Tenía la necesidad de encontrarlo.

Con lágrimas en mis ojos, recuerdo haber pensado “desearía  poder hacerlo”.

Seguí corriendo aunque de seguro a un paso lento, debía haber corrido mucho más que en días anteriores, porque incuestionablemente pensé y pensé por muchos minutos, quizá una hora o más. Nada recuerdo de esa corrida excepto que pensé mucho y recordé muchas cosas. No sentía cansancio y seguí corriendo. Después de unos minutos de haber pensado esas palabras me encontré mirando al suelo suspirando: “sí que quisiera hacerlo”.

Y sí, todo comenzaba a aclararse y fue solo cuestión de unos cuantos minutos más cuando con mi cara en alto le dije a los árboles a mi derecha: “debo hacerlo”. Y seguramente, un momento después de eso grité con todo lo que tenía: “¡Voy a hacerlo!” Y sé que realmente grité, porque un minuto después una pareja que venía en dirección opuesta me miró como queriendo preguntar si me encontraba bien. Ya me había limpiado las lágrimas y lo que quedaba de ellas se había mezclado con el sudor. Así que no se notaban. Mi sonrisota debió haberlos convencido que estaba perfectamente bien, o perfectamente loco.

Y así empezó. Tomé mi tiempo para comenzar la búsqueda. Sabía que encontrarle no sería pronto, así que también planee como proceder a partir de ese momento.

Sin embargo, necesitaba hacerlo todo cuidadosamente y en secreto. Por muchas razones personales necesitaba ocultar lo que estaba pasando. Había muchas personas que podrían salir afectadas y no quería proveer pistas de lo que sucedía. También, en caso que la empresa no funcionara, podría simplemente guardármelo como si nunca hubiera ocurrido.

Planee y planee por días, aunque todo lo memoricé y ensayé en mi mente muchas veces; imaginé todos los posibles escenarios y resultados. Cuando me di cuenta que estaba listo, comencé.

Requiere mucho esfuerzo hacer algo importante cuando lo único  que tienes es tu tiempo libre. Algunos días solo pude dedicarle unos quince minutos, algunos otros –con mucha suerte- un par de horas, pero la mayoría de los días proporcionaron cero minutos. Sabía que tomaría tiempo, sabía que llevaría un par de años o quizá más pero estaba listo para el reto. Sabía que podía aguantar la presión y guardar el secreto por muchos meses. Me preparé para eso, aunque por meros azares del destino:

Por ejemplo, algunas veces en mis años jóvenes me hice la promesa de no beber alcohol por todo un año, independientemente del número de fiestas, compañía, u ocasión; no flaquearía. Y tuve éxito en la mayoría de y en las últimas ocasiones.

También, hace unos años cuando andaba de viaje al cruzar la calle un carro me golpeó. Sin embrago, tuve una suerte extraña ya que mi cuerpo seguía funcionando quizá a un ochenta por ciento de capacidad. Excepto por mis ropas y mi mochila, no había rastro muy visible en mi piel de lo que había sucedido. Días después, cuando regresé a casa nada mencioné al respecto, en parte porque había allí una situación que me prevenía de causar más preocupaciones, y en parte porque quería probarme a ver cuanto tiempo podía mantener el secreto, a pesar de mi mucho cojear y falta de movilidad.

Todo un año pasó antes de que les develara tal evento.

Así, el examen de guarda-secretos fue aprobado.

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Deja de leer ya

No hay algo de substancia en éstas líneas. No hay cuento, ni moral, ni siquiera un chistecillo. Así que por favor deja de leer ya.

Bueno, sigues aquí. Creí que te habías ido, pero continúas leyendo a pesar del hecho que te pedí no lo hicieras. Muy bien: supongo que querrás hallar una gema escondida, una palabra rebuscada o alguna frase que te alegre el día, o que por lo menos proporcione algo positivo en qué pensar. Te lo digo, no hay aquí palabras floridas o frases profundas, o párrafos enriquecedores. Entonces, deja de leer ya.

 

Ah, ya sé. Es como cuando vas al cine con alguien y a pesar de que la película no es buena, el simple hecho de estar en compañía hace que te quedes hasta el final. O, estando solo, comienzas a leer un artículo en una revista  y quieres terminarlo ya sea porque:

a)      está muy bueno y te atrapa desde el principio o

b)      está pésimo pero crees que sería perder el dinero haber pagado por la revista y no leerla por completo

Como sea, me siento raramente pero de alguna forma a gusto que sigas aquí. Aunque el caso de este artículo en particular es como la opción b, nada hay valioso que leer aquí. Repito: nada hay valioso que leer aquí. Así que, ¿podrías por favor dejar de leer ya? Gracias.

 

¿Estás demente? ¿Qué estás haciendo  continuando gastando tu tiempo tratando de encontrar algo de valor, o tal vez chistoso en estas líneas? ¿Es acaso que no tienes algo mejor que hacer? ¿Sufres de insomnio y éste tipo de lecturas vanas te hacen dormir? ¿Sientes la necesidad de leer para que así yo no sienta que mi esfuerzo se desperdicia?

Créeme, estoy bien si paras ya.  De hecho, te pedí eso mismo desde el principio, ¿o no? Solo piensa en todo eso y date cuenta de una vez por todas: no hay algo de valor en este artículo.

Tengo que pedirte una vez más que te detengas aquí mismo, y vayas a hacer algo más productivo.

 

Hm. Está bien, solo porque sigues aquí, y solo porque has leído hasta este punto, te hago saber que escribí estas líneas, aunque no exactamente las mismas palabras, cuando tenía nueve años. Lo hice y se las pasé a algunos amigos. A algunos les pareció muy divertido y hasta lo transcribieron todo en sus cuadernos. Algunos otros les llevaron mi papel (era una hoja escrita por los dos lados) a sus mamás y hermanos, y en algún momento entre tanto compartir le perdí la pista. Pero la idea no se perdió, como puedes ver.

 

Ya. Ahí está. Ahora sabes que esta publicación nació a principio de los setentas. Para la idea, debe ser muy bueno estar resucitada.

Sin embargo, es hora de poner el punto final de una vez por todas. Por favor:

Deja de leer ya.

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Privacidad en Internet

Después entraré en detalles sobre las muchas implicaciones que conllevaría dejar que el gobierno y los departamentos policiales sean capaces de reconstruir nuestras actividades individuales en línea. Mientras, tengo algunos comentarios y preguntas para ti.

Mientras que casi todos protestamos o tenemos algo que discutir, o por lo menos comentar, cuando escuchamos las noticias de que nuestros legisladores presentan una propuesta para dejar que nuestros gobiernos se enteren de nuestras actividades en línea, presentes y pasadas; parecemos no darnos cuenta que nosotros ya creamos un sendero que cualquiera podría seguir.

No solo la policía podría usar dichos rastros si fuera necesario: ya ha habido casos en que gente ha sido despedida porque sus jefes se enteran de las actividades que hacían y publicaban en los días que se reportaban enfermas. Se han demandado divorcios cuando la pareja ha encontrado historial en los chats o mensajes de correo electrónico entre sus ex queridos y alguien más. Ha habido casos que van a la corte en donde un amor o aventura en Second Life interfiere con la vida real… las implicaciones son muchas y variadas. Algunas son difíciles de creer, y aun más difíciles de tratar.

Pero, regresando al rastreo: ¿te das cuenta de que lo que haces en línea es permanente (ver Permanencia) y tiene adjunto una fecha y hora?

Eso significa que prácticamente cualquiera puede seguir tu historial en-línea. ¿Eres una de esas personas que publica absolutamente todo lo que sucede a tu alrededor? ¿Dejas que tus dispositivos automáticamente publiquen donde te encuentras a un momento determinado?

¿Es todo eso realmente bueno? ¿Te beneficia? ¿Beneficia a alguien más?

No tengo entrenamiento en algo relacionado con investigación policiaca o privada, y aun así conozco personas a las cuales puedo recrearles todas sus actividades diarias con mejor exactitud que la que un investigador policiaco podría haber hecho apenas diez años atrás. Peor aun, un persecutor o individuo con motivos no muy legítimos podría hacerlo también.

Entonces, ¿Cuáles serían las verdaderas implicaciones de dejar que los gobiernos reconstruyan nuestros pasos? ¿No están acaso tus conocidos enterados ya de tus actividades diarias?

Tecnológicamente, es posible grabar las acciones de todos mediante las direcciones electrónicas de nuestros dispositivos, sus aplicaciones y hasta sus coordenadas. Las empresas de telecomunicaciones y nuestros Proveedores de Servicios de Internet a quienes pagamos por los mismos cuentan con herramientas que permitirían a la policía o cualquier otra entidad saber acerca de nuestras actividades en-línea con bastante exactitud, segundo a segundo.

Empero, a lo que parece que estamos en contra es precisamente al Hermano Mayor atisbando sobre nuestros hombros. Parecemos estar contentos dejando a todos los demás ver lo que queremos que vean, a pesar del hecho de que estamos dejando ver a más personas de las que nuestra intención era.

Dejar que la policía monitoree actividades ayudaría a capturar raptores, pornógrafos infantiles, transacciones fraudulentas y muchas otras actividades criminales. Sería cuestión de quizá minutos en lugar de meses  de investigación y colección de evidencia.

Entonces, ¿A qué exactamente nos oponemos cuando escuchamos la posible imposición de esas medidas?

¿Cuál es tu posición?

¿Qué opinas?

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Confesión, primera parte

Como suele suceder, cuando era apenas un niño entrando en mis años de adolescencia, fue cuando una veloz y poderosa revolución atravesó mi mente, cuerpo y alma. Hubo algunos eventos muy específicos que me hicieron aprender mucho en solo unos cuantos meses. Dichos eventos crearon en mí una necesidad de querer aprender todavía más; y después en convertir todo ese aprendizaje en aventura y exploración, a veces arriesgando mi integridad física. Un par de ejemplos de dichos eventos a continuación:

Tenía unos diez años cuando una vez me encontraba solo jugando a crear palabras. Seleccioné dos sílabas distintas y comencé a recitar todas las posibles combinaciones que podía crear con las cinco vocales en cada una de ellas. En un momento determinado mi hermana mayor me interrumpió abruptamente pidiendo que dejara de decir malas palabras; que eso era ofender y que yo lo sabía. Contesté diciendo que nada malo estaba haciendo, y que no estaba ofendiendo ni nada semejante. Ella se enojó y fue a decirle a mi papá. Mi padre vino apresurado a advertirme que dejara mi tonto juego y a “asegurarme” que yo sabía el significado de dicha palabra y que dejara de simular que no lo sabía, o así me iba.

Cuando dejé de temblar de miedo, ya tenía un plan. Era casi seguro que mis compañeros de clase mayores sabían el significado. Así que al día siguiente no solo aprendí el significado de esa palabra en particular, sino de otras muchas que no sabía que existían. Aprendí cuando y cómo usarlas, todos sus significados y combinaciones y mucho más de lo que había podido imaginar. Ese fue un muy buen día para mí.
En otro día cuando tenía diez u once años, dibujé y coloreé una silueta femenina la cual era una combinación de imágenes que había visto en varias revistas, catálogos y el periódico. Yo era muy bueno para dibujar y pintar; así que el producto final en una de las páginas de mi cuaderno de dibujo se veía muy bien. Estaba orgulloso de mi obra y se la mostré a un par de compañeros. En unos cuanto minutos mi dibujo era algo que todos en mi salón e incluso de otros, vio o quería ver. Hubo muchos comentarios, preguntas y hasta incredulidad de que yo a mi corta edad hubiera hecho tal trabajo.  Yo estaba sonriente todo el tiempo; estaba tan emocionado que después de clases y cuando por fin pude recuperar mi cuaderno me fui a platicarle todo a mamá. Cuando llegué a casa, mi sonrisa se deshizo porque me encontré a una madre con ceño fruncido y cara de preocupación que indicaba algo estaba muy mal. Caí en cuenta que mi buena noticia tendría que esperar hasta después de fuera lo que fuera que pasó se resolviera.

Sin embargo, el problema era que ella, así como el personal de la escuela e incluso algunas vecinas, sabían ya de mi dibujo “inapropiado”. El regaño fue largo e insoportable, y lo peor era que papá no lo sabía aun. Tan pronto como se enterara yo pagaría el precio por mi creación diabólica. Sobreviví ese día, por supuesto.

Al día siguiente me encontré, sí, preguntando a mis compañeros mayores que era lo negativo del dibujo, y no solo eso, sino que también pregunté el porqué era ofensivo para algunas personas. Las respuestas fueron muchas, largas y hasta extrañas a veces. Terminé teniendo más preguntas que no recibieron respuesta inmediata, así que me vi forzado a buscar respuestas en la biblioteca. Ya te imaginas la cara de los bibliotecarios cuando solicité libros sobre esto o aquello. Mentí acerca de mi edad y grado escolar para poder conseguirlos, y también mentí  sobre la fecha límite para mi “tarea”, y hasta me aventuré a decir que reprobaría el año de nuevo si no presentaba mi tarea en menos de una semana. Al principio de mala gana, me prestaron los libros. Luego, cuando me vieron compulsiva e impulsivamente tomar notas por horas, se pusieron más cooperativos. Esa fue, sin necesidad de mencionarlo, una semana ilustrativa.

Después de algunos eventos como estos, me di cuenta que necesitaba aprender acerca de toda y cada cosa. Devoré libros con temas tan variados como La Segunda Guerra Mundial, el origen de la vida, el imperio Mongol, anfibios, exploración espacial, Buda, la revolución, el Kama Sutra, mitología Griega… lo que se te ocurra.

En unos cuantos años, alrededor de cuando tenía doce, había perdido ya mi virginidad mental. Era solo cuestión de tiempo, de un poco de esfuerzo cerebral y de ligar algunos cabos que me hizo abrir los ojos y la mente; y aunque de algún modo un poco doloroso, me encontré renunciando a toda doctrina social y dogmas fanáticos. Los años previos fueron lo que algunos dirían es normal para un niño de clase trabajadora, los siguientes después de esa edad parte aguas fueron algo similar a un paseo en una montaña rusa gigantesca, en la niebla.

Fue entonces alrededor de los trece que comencé a aventurarme en relaciones fuera del círculo social. Tímidamente al principio, pero con confianza después de algunas experiencias. Por ejemplo, comencé a buscar los elementos del sexo opuesto para aprender y explorar aun más. Esto es, hasta que la vida me tomó abruptamente por un sendero extraño. Empero, fue hasta un par de años después que comencé a querer sin notarlo. Aunque creo que fue amor a primera vista, a esa edad ni caí en cuenta.  A través de los años, ese apego crecería hasta convertirse en una pasión que rayaría en fanatismo, pero aun cuando esa exaltación llegó a la cumbre no me di cuenta de forma consciente. Pudo haber sido que mis necesidades inmediatas de supervivencia eran mucho más importantes que el enfocarme o reconectar con mis afectos, y por consiguiente decliné y me resigné a perder una oportunidad que no se presentaría de nuevo. O por un largo tiempo.

Y eso fue todo. Un desarrollo lleno de aventuras, mocedades de ocultar conocimientos e inclinaciones (ya era desde entonces por decisión propia miembro de una minoría), y una vida adulta repentina llena de responsabilidades que nunca dejaron tiempo suficiente para enfocarse a asuntos personales.

Esto es, hasta recientemente.

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Asumir no debería existir

Y sin embargo ahí está. Lo veo en todos lados, no solo en los sitios de Medios Sociales sino también en publicidad en periódicos, radio y TV; y hasta en las conversaciones diarias. ¿Por qué asumimos que todo mundo piensa, siente y cree de la forma que nosotros lo hacemos?

Tendemos a pensar que cada uno de nosotros es “normal” y el resto de la gente que no se aproxima a nuestro comportamiento, cultura, educación y estilo de vida son, pues, anormales. Asumimos que nosotros somos el estándar y cada uno y todos los demás son raros.

Tenemos que darnos cuenta que no todos los demás  tienen o practican nuestras preferencias sexuales, inclinaciones políticas, fanatismo deportivo y dogmas religiosos.  Algunos simplemente no cuentan con ninguna de ellas, mientras que otros practican más de una.

 

Así que abre los ojos y el corazón. Más importante, abre tu mente.

La próxima vez que quieras referirte a alguien cuyo estilo de vida es diferente y que persigue algo que no entendemos, respetémosle su punto de vista y continuemos.

No nos refiramos a nuestras prácticas y preferencias como si fueran del modo que debería ser, no mencionemos a nuestros líderes religiosos (vivos o muertos) como si todos los demás siguieran nuestras doctrinas, y no enfaticemos nuestras preferencias políticas o de equipos deportivos. No públicamente: podemos llevar aparte a nuestras amistades y conocidos que comparten una emoción similar y hablar de ello en un ambiente privado o íntimo.

 

Esto nos proporcionará una arena de neutralidad que evitará que alguien se sienta raro u ofendido, al tiempo que creamos un ambiente “políticamente correcto” –valga la redundancia-.

 

Por favor, no asumamos.

Aceptemos.

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Inmediatez y Permanencia

Ya debe estar claro para la mayoría de nosotros que todo lo que hemos hecho utilizando las Redes Sociales virtuales llegó para quedarse. El hecho que los mensajes instantáneos se intercambien a tales velocidades, llegando desde todas partes del mundo hace hasta a las grandes compañías temblar de miedo; algunas corporaciones ya han muerto, y las sobrevivientes están cambiando rápidamente sus modos de producción y métodos tecnológicos a fin de quedarse. Si los grandes negocios nada pueden hacer sino adaptarse, ¿Qué podemos nosotros simples mortales hacer?

Saber.

 

Sabe que cuando usamos Medios Sociales virtuales todo queda: cada palabra, cada imagen, cada nueva creación de grupos o círculo, los videos subidos, y absolutamente todo lo que se ha publicado están ahí para quedarse por siempre.  No podemos cambiar eso, pero podemos cambiar la forma en que hacemos las cosas de modo que nunca nos arrepintamos.

Sabe también que los mensajes, fotos, noticias, y todo lo demás están ahí en el mismo segundo en que se publican. Éstos pueden ser compartidos rápidamente y el resto del mundo puede verlos en cuestión de minutos. Todos hemos escuchado o leído acerca de  los Tweets, fotos y videos virales que obtienen millones de visitas en menos de un día.

 

Así que, por favor, sabe.

Antes de que publiques algo que puede afectar a alguien más o a ti: está informado y advertido acerca de la permanencia e inmediatez de dichos actos. Toma solo unos cuantos tecleos y clics el hacerlo, pero toda una vida el aceptar que ya está hecho.

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