Me negaste ayuda.

Me negaste ayuda, y me sentí muy molesto.
No podía entender cómo era que una simple solicitud de información u orientación para un cambio grande en mi vida, esto es, un pequeño empujón que me indicara el camino a seguir, me fuera negado.
Te critiqué abiertamente diciendo que esa era el tipo de actitudes que nos impiden avanzar como sociedad, que tu pensamiento era retrógrada y tu actitud de muy mala educación. El plasmar ante el público mi sarta de adjetivos calificativos nocivos y mi disgusto sedicentemente justificado hizo que otras personas intercedieran, algunas se ponían de mi lado mientras que otras estaban apoyándote.
Al final, después de tanto desperdiciar palabras y tiempo, y dado que no respondías a mis ataques, opté por buscar la forma de hacer las cosas a mi manera. Mi orgullo estaba picado y me sentía capaz de demostrarte, a los demás, y por supuesto a mí, que enfocándome a mi objetivo lo lograría.
Así que empecé el trámite. Largos, tediosos y a veces muy pesados fueron los días que batallé para conseguir algo de información, o algún documento, o permisos para poder continuar…. Se me fueron las semanas y después los meses. Estuve tan enfrascado en el asunto que cuando por fin tenía todo lo necesario había pasado prácticamente un año; ya hasta me había olvidado de ti.
Luego, una vez que logré el cambio tan anhelado sucedió todo un remolino de actividades, una tras otra y a veces sobreimpuestas, tan incontrolables que pasaron tres años para por fin darme cuenta que me había establecido en un nuevo ambiente. Ha pasado algo de tiempo desde entonces.
Hoy me han solicitado el mismo tipo de ayuda que yo te hice, y, por ende, he pensado mucho en ti.
Día con día tengo que trabajar duro para lograr sobrevivir en éste entorno. La competencia es fuerte, y desacelerar las más de las veces significa retroceder, aunque vislumbro que cada vez es más fácil lograr estar bien en todos aspectos. A hoy, mi familia absorbe el poco tiempo libre que me queda y que debo dedicarle, y hay días en los que siento que no puedo tomar más responsabilidades o simples actividades, tanto por el cansancio como por la falta de tiempo. Sin embargo, sé que esto es pasajero y que en cuestión de un poco más de tiempo todo estará mejor: esto es a cambio de un buen futuro para todos en general, y de una mejor calidad de vida para mis hijos.
Caigo en cuenta que compito contra todos los demás y que ellos individualmente también compiten conmigo. Ahora que me encuentro abstraído en esta lucha diaria, después de esos duros años iniciales en los que tuve que abrirme camino por mí mismo y con mis propios recursos, entiendo que tuvo que ser así, o nunca lo hubiese logrado.
Si en aquél entonces me hubieras proporcionado ayuda, es muy probable que solo te hubiese hecho descuidar a tu familia y gastar tu valioso tiempo, y yo nunca me hubiera puesto a hacer las cosas que necesitaba lograr. Ahora lo entiendo.
Me negaste ayuda, y te lo agradezco infinitamente.

Acerca de Amanuense Propio

Escritorcito
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