¿Sería Gabriela?

Aquí está alguien que la mayoría no conoce. Y para ser sincero yo tampoco conozco muy bien.
Semejante a la publicación del domingo pasado, éste pertenecería en el departamento de los recuerdos, o quizá en el de las rarezas.

Fue una de esas personas que son presentadas o que se presentan de forma muy agradable, aunque ni siquiera recuerdo quien me la presentó. Lo que me llega a la mente es que cuando nos conocimos no le presté mucha atención.
Tomábamos clases bimestrales de dos horas cada una. Había un receso de solo diez minutos, las clases siempre estaban muy estrictas en itinerario y no quedaba mucho tiempo libre antes y después de las mismas para charlar. Así que, todos nosotros jóvenes y guapos muchachos y niñas bonitas hacíamos la danza social entre los mismos por cerca de diez minutos. Cuando mucho.
Ella era inteligente de seguro, no una reina de belleza pero sí mejor que el promedio, su cuerpo no era escultural aunque probablemente un poco más alta que el resto de las mujeres de por ahí. Pero lo realmente importante y lo mejor en absoluto: definitivamente estaba bien educada.

La mayoría de las conversaciones eran ruidosas porque todos queríamos hablar al mismo tiempo, era solo en unas cuantas ocasiones que ella o yo decíamos algo que todos escuchaban y entonces continuaban o respondían, con mucho ruido de nuevo. A veces, se formaban parejas dentro del grupo y cada par platicaba sobre algo específico, olvidándose del resto. Yo hablaba con los que conocía desde antes, pero después me encontré platicando con ella cada vez más seguido. Caí en cuenta que hice conexión con ella por completo. Sus temas eran siempre interesantes; tenía una forma muy agradable de decir las cosas y nunca hablaba negativamente o de cuestiones de mal gusto. El siguiente curso llegó y en los recesos yo instintivamente le busqué más que a cualquier otra persona. No era posible encontrarnos siempre, pero todo eso sucedió y se intensificó conforme pasaba el tiempo.
Para el final de dicho curso y con exámenes de universidad cercanos, se hizo más difícil encontrarnos, aunque en retrospectiva no estoy seguro si ella me buscaba de la misma y constante forma que yo a ella. Con tanto pasando en la escuela y otras cuestiones supuse que sería mejor esperar al siguiente curso para cimentar y quizá solidificar la relación.

Todo esto pasó subconscientemente o inconscientemente. Esto es; nunca me di cuenta de lo que estaba pasando sino hasta muchos meses después. Cuando noté que tenía la necesidad de hablar con ella era ya un poco tarde: habían pasado meses sin haberle visto de nuevo, los cursos iban y venían y ni siquiera veía o identificaba a la mayoría de los compañeros que nos juntábamos en nuestro grupito a platicar. Puesto que tampoco recordaba quién nos presentó me costaba mucho trabajo preguntar a otros acerca de ella. Lo que era aun peor fue que ¡ni siquiera recordaba su nombre! ¿Sería Gabriela? Nunca le pregunté directamente y por lo tanto no estaba seguro.
Encontrar a alguien como a mi amigo Joel llevaría un poco de tiempo. Hallar a Ernesto llevaría más tiempo y algo de esfuerzo, a Hernán definitivamente sería mucho más difícil (ver publicación del domingo pasado).
Así que ¿cómo encuentro a alguien cuyo nombre no sé? Sabía más o menos la escuela a la que ella asistía y la carrera que llevaba, pero en absoluto nada más tenía. Ni siquiera un nombre.
Como dije, nunca supe que tenía el deseo de buscarla, sino hasta que fue demasiado tarde. Ahora bien, por favor no me malinterpretes: han pasado muchos años y ya soy un tío viejo, y principalmente un hombre de familia con hijos y todo. Solo que es preciso mencionar éste recuerdo para poder explicar un poco mejor lo que viene después.

Así como en éste tipo de relaciones, hay otras que también nos afectan de formas misteriosas y que no notamos sino hasta que estamos maduros, quiero decir, viejos. Algunas de esas relaciones son espontáneas, coincidencias, esperadas e incluso planeadas.

Aun así, se siente raro que después de todos estos años siga haciéndome la misma pregunta y que probablemente nadie nunca podrá responder: ¿sería Gabriela?

Acerca de Amanuense Propio

Escritorcito
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