Hoy contigo.

Por la razón que sea, es en estas fechas de celebración para algunos, soez para otros, que se nos exhorta a reflexionar y a comprometernos a ser mejores personas en el año que comienza, que nos da por recordar y meditar.

Muchos de nosotros aprovechamos la ocasión para reunirnos con familia y amigos. Las más de las veces, estas celebraciones resultan ser las más sinceras en cuestión de afecto. Tal vez no tan grandiosas como las de la unión de dos personas, pero sí las más esperadas, sinceras, coloridas, preparadas, y esperanzadoras de todas.

Es probable que pensemos en aquellos que esta vez no nos acompañarán, en aquellos que han dejado este mundo: les recordamos y añoramos mucho. Tanto así que con más de algunos de ellos soltamos lágrimas, suspiros, y hasta palabras en voz baja hacia nosotros mismos.

Si eres como yo, coincidirás en que las ausencias que más pesan son las de aquellos que no están pudiendo haber venido, o nosotros ido a ellos. Las cuestiones económicas, geográficas, laborales, y aquellas que afectan a los que tenemos cerca, a veces no nos permiten darnos la alegría de compartir estas ocasiones con quienes quisiéramos estar.

Pienso mucho en todas aquellas personas que abrazaba hace menos de un año, también en las que afortunadamente pudimos hablar por teléfono y sentir la vibración de nuestras voces a través de las líneas, y hasta en quienes nos hicieron saber su presencia por medio de un mensaje de texto o similar.

 

Pero me he puesto a pensar y a recordar a muchos que no han estado, y que quisiera volver a ver cara a cara para decirles algo, dependiendo del trato que tuvimos hace ya un largo tiempo.

 

Verás: caigo en cuenta que lastimé a varias personas por medio de mis palabras y mis actos. Muchas de esas acciones fueron por falta de madurez o de conocimiento, pero hay ciertas etapas de mi vida en la que era yo un verdadero idiota y ofendía o lastimaba a alguien sabiendo perfectamente que lo hacía. No tengo excusas válidas para preparar el ofrecerles una disculpa, por lo que me gustaría verlos de frente y que escuchen mi voz y vean a mis ojos cuando les diga esas palabras.

 

Del mismo modo, hay algunas personas que me dañaron en gran medida. Y me es aún más urgente el acercarme a ellas para manifestarles que no les guardo rencor y nada tengo que reprocharles.

No quiero decir que el hecho que les haya perdonado significa que he olvidado. Hay muchas cosas que permanecen en la memoria y algunas todavía duelen al ser recordadas. Pero comprendo ahora que todos somos humanos, y que no todos tenemos las mimas oportunidades de educación o relaciones que otros obtenemos.

De cierta forma, esas acciones me hicieron ser la persona que hoy soy, y es muy factible que fueron la causa principal que me hizo saber el daño que causan las acciones, palabras, omisiones, y hasta la inacción de mi parte.

 

En fin, que hace falta llenar esos huequitos vacíos del corazón.

Tener esas charlas, estrechar esas manos, darnos esos abrazos sinceros, vaciar esos sacos llenos de pesadas piedras con un simple “por favor perdóname.”

 

No puedo hacerlo esta vez, pero espero que pronto estés escuchando de mi viva voz estas palabras, en lugar de leerlas. Por el momento, por lo menos en pensamiento, estoy contigo.

Acerca de Amanuense Propio

Escritorcito
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